“Me quedé el tiempo suficiente para asegurarme de que la casa estaba absolutamente vacía. Luego la abandoné, sintiendo en el corazón un peso como jamás había tenido antes.
Mi esposa salió al recibidor cuando entré en mi casa; pero yo estaba demasiado dolido y enojado para hablar con ella y, apartándome a empujones, me dirigí a mi estudio. Sin embargo, ella me siguió antes de que pudiera cerrar la puerta.
—«Siento haber roto mi promesa, Jack —dijo ella—; pero si conocieras todas las circunstancias, estoy segura de que me perdonarías».
—«Dámelo a saber todo, pues», dije yo.
—«No puedo, Jack, no puedo», exclamó ella.
—«Hasta que no me diga quién es la persona que ha estado viviendo en esa caseta, y a quién le ha dado esa fotografía, jamás podrá haber confianza entre nosotros», le dije, y soltándome de ella, salí de la casa.
Eso fue ayer, mister Holmes, y no la he vuelto a ver desde entonces, ni sé nada más de este extraño asunto. Es la primera sombra que se ha interpuesto entre nosotros, y me ha afectado tanto que no sé qué debo hacer para lo mejor.
De repente, esta mañana se me ocurrió que usted era la persona indicada para aconsejarme, así que he venido a verlo sin demora, y me pongo sin reservas en sus manos. Si hay algún punto que no haya dejado claro, le ruego que me interrogue al respecto. Pero, sobre todo, dígame pronto qué debo hacer, porque esta angustia es más de lo que puedo soportar.
Holmes y yo habíamos escuchado con el máximo interés este relato extraordinario, que había sido expuesto de la forma entrecortada y quebrada propia de un hombre bajo los efectos de emociones extremas.