mismo. Solo planea. Pero sus agentes son numerosos y están espléndidamente organizados. Si hay que cometer un crimen, sustraer un documento, digamos, desvalijar una casa, deshacerse de un hombre, se le pasa la orden al Profesor, el asunto se organiza y se lleva a cabo. Puede que capturen al agente. En tal caso, se encuentra dinero para su fianza o su defensa. Pero el poder central que utiliza al agente nunca es capturado, ni siquiera llega a ser sospechoso. Esta fue la organización que deduje, Watson, y a cuya exposición y desmantelamiento consagré todas mis energías.
—Pero el Profesor estaba rodeado de salvaguardas tan ingeniosamente concebidas que, hiciera lo que hiciese, parecía imposible conseguir pruebas que permitieran una condena en un tribunal de justicia. Conoces mis facultades, querido Watson, y sin embargo, al cabo de tres meses hube de confesar que por fin me había encontrado con un antagonista que era mi igual intelectual. Mi horror ante sus crímenes quedó eclipsado por mi admiración hacia su destreza. Pero al fin dio un tropiezo —tan solo un pequeñísimo tropiezo—, pero era más de lo que se podía permitir teniéndome tan cerca. Tuve mi oportunidad y, partiendo de ese punto, he tejido mi red a su alrededor hasta que ahora está lista para cerrarse. En tres días —es decir, el próximo lunes— las cosas estarán maduras, y el Profesor, junto con todos los miembros principales de su banda, estará en manos de la policía. Entonces llegará el mayor juicio criminal del siglo, el esclarecimiento de más de cuarenta misterios y la horca para todos ellos; pero si nos movemos de forma prematura, ya comprendes, podrían escapársenos de las manos incluso en el último momento.
“Ahora bien, si hubiera podido hacer esto sin que el profesor Moriarty lo supiera, todo habría ido bien. Pero él era demasiado astuto para eso. Vio cada paso que di para tenderle mis redes. Una y otra vez se esforzó por escapar, pero yo tantas otras le salí al paso. Te digo, amigo mío, que si se pudiera escribir un relato detallado de aquel