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nydus/The Memoirs of Sherlock HolmesPublic
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The Stockbroker’s Clerk

—Bueno, eso también está bastante claro. Es evidente que solo hay dos implicados. El otro se está haciendo pasar por usted en la oficina. Este hizo de intermediario y luego descubrió que no podía conseguirle un empleador sin admitir a una tercera persona en su complot. Eso era algo que no quería hacer bajo ningún concepto. Modificó su apariencia tanto como pudo y confió en que el parecido, que usted no dejaría de notar, se achacaría a un aire de familia. De no ser por la feliz casualidad del empaste de oro, es probable que sus sospechas nunca se hubieran despertado.

Hall Pycroft agitó los puños cerrados en el aire. «¡Dios santo! —exclamó—, mientras a mí me han estado engañando de esta manera, ¿qué ha estado haciendo este otro Hall Pycroft en lo de Mawson? ¿Qué debemos hacer, Mr. Holmes? Dígame qué hacer».

“Debemos enviar un telegrama a los de Mawson”.

“Cierran a las doce los sábados.”

“No importa. Puede que haya algún portero o asistente—”

—Ah, sí, mantienen allí una guardia permanente debido al valor de los títulos que custodian. Recuerdo haberlo oído comentar en la City.

“Muy bien; le pondremos un telegrama, y veremos si todo va bien, y si un dependiente con su nombre trabaja allí. Eso está bastante claro; pero lo que no está tan claro es por qué al vernos uno de los granujas salió al instante de la habitación y se ahorcó”.

—¡El periódico! —roncó una voz a nuestras espaldas. El hombre se había incorporado, pálido y cadavérico, con la lucidez retornando a sus ojos y unas manos que sefrotaban con nerviosismo la ancha franja roja que aún le rodeaba el cuello.

—¡El periódico! ¡Claro que sí! —exclamó Holmes, en un paroxismo de entusiasmo—. ¡Qué idiota he sido! ¡Pensaba tanto en nuestra visita que el

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