—Sin embargo, éramos realmente independientes de su ayuda. Nuestras respuestas nos esperaban en la comisaría, adonde yo le había indicado a Algar que las enviara. Nada podía ser más concluyente. La casa de la señora Browner llevaba cerrada más de tres días, y los vecinos opinaban que se había marchado al sur a visitar a sus parientes. En las oficinas navieras se había averiguado que Browner se había embarcado a bordo del May Day, y calculo que llegará al Támesis mañana por la noche. Cuando llegue, le saldrá al encuentro el torpe pero resuelto Lestrade, y no dego de que tendremos todos nuestros detalles completados.
Sherlock Holmes no se vio defraudado en sus expectativas. Dos días después recibió un abultado sobre que contenía una breve nota del detective y un documento mecanografiado que cubría varias páginas de papel de oficio.
—Lestrade lo tiene bien sujeto —dijo Holmes, levantando la vista hacia mí—. Quizá le interese saber lo que dice.
“ «De acuerdo con el plan que habíamos trazado para comprobar nuestras teorías» (el «habíamos» es bastante elegante, ¿verdad, Watson?) «bajé ayer al Albert Dock a las 6 p. m., y subí a bordo del vapor May Day, perteneciente a la Liverpool, Dublin, and London Steam Packet Company. Al indagar, descubrí que a bordo había un mayordomo llamado James Browner y que durante la travesía se había comportado de una forma tan extraordinaria que el capitán se había visto obligado a relevarlo de sus obligaciones. Al bajar a su camarote, lo encontré sentado sobre un baúl con la cabeza hundida entre las manos, balanceándose de un lado a otro. Es un tipo grande y robusto, bien afeitado y muy moreno; algo parecido a Aldrige, que nos ayudó en el asunto de la falsa lavandería. Se levantó de un salto cuando oyó el motivo de