Estábamos entonces en la India, en los acantonamientos, en un lugar que llamaremos Bhurtee. Barclay, que murió el otro día, era sargento en la misma compañía que yo, y la reina del regimiento, ¡vaya!, y la muchacha más hermosa que jamás haya tenido aliento de vida entre los labios, era Nancy Devoy, la hija del sargento abanderado. Había dos hombres que la amaban, y uno a quien ella amaba, y usted sonreirá al mirar esta pobre cosa acurrucada ante el fuego, y al oírme decir que fue por mi buen parecer que me amó.
—Bueno, aunque yo tenía su corazón, su padre se empecinaba en que se casara con Barclay. Yo era un muchacho alocado y temerario, mientras que él había recibido educación y ya estaba destinado a la carrera militar. Pero la chica me fue fiel, y parecía que iba a casarme con ella cuando estalló el Motín y se desató el infierno en el país.