Brown. En cualquier otra dirección, el páramo es un completo desierto, habitado únicamente por unos pocos gitanos errantes. Tal era la situación general el lunes pasado por la noche, cuando ocurrió la catástrofe.
“Aquella tarde los caballos habían sido ejercitados y abrevados como de costumbre, y los establos se cerraron con llave a las nueve. Dos de los muchachos caminaron hasta la casa del preparador, donde cenaron en la cocina, mientras que el tercero, Ned Hunter, se quedó haciendo guardia.
Pocos minutos después de las nueve, la criada, Edith Baxter, le llevó al establo su cena, que consistía en un plato de cordero al curri. No llevó ninguna bebida, ya que había un grifo de agua en los establos, y era norma que el muchacho de servicio no bebiera otra cosa. La criada llevaba un farol consigo, pues estaba muy oscuro y el sendero atravesaba el páramo abierto.
Edith Baxter was within thirty yards of the stables, when a man appeared out of the darkness and called to her to stop. As he stepped into the circle of yellow light thrown by the lantern she saw that he was a person of gentlemanly bearing, dressed in a gray suit of tweeds, with a cloth cap. He wore gaiters, and carried a heavy stick with a knob to it. She was most impressed, however, by the extreme pallor of his face and by the nervousness of his manner. His age, she thought, would be rather over thirty than under it.
“—¿Puede decirme dónde estoy? —preguntó—. Casi me había decidido a dormir en el páramo, cuando vi la luz de su linterna”.
—«Estás cerca de los establos de entrenamiento de King’s Pyland —dijo ella—».
—«¡Vaya, en efecto! ¡Qué golpe de suerte! —exclamó—. Tengo entendido que un mozo de cuadra duerme allí solo todas las noches. Tal vez sea su cena lo que le llevas. Ahora bien, estoy seguro de que no te