de uno de los convictos más que por la cerilla del oficial. Fuera cual fuese la causa, aquel fue el final de la Gloria Scott y de la chusma que ostentaba el mando. > ““Tal es, en pocas palabras, mi querido muchacho, la historia de este terrible asunto en el que me vi envuelto. Al día siguiente fuimos rescatados por el bergantín Hotspur, con rumbo a Australia, cuyo capitán no tuvo dificultad en creer que éramos los supervivientes de un buque de pasajeros naufragado. El barco de transporte Gloria Scott fue dado por perdido en el mar por el Almirantazgo, y nunca se ha filtrado la menor palabra sobre su verdadero destino. Tras una travesía excelente, el Hotspur nos desembarcó en Sídney, donde Evans y yo cambiamos de nombre y nos dirigimos a los yacimientos auríferos, donde, entre la multitud congregada de todas las naciones, no tuvimos dificultad en perder nuestras anteriores identidades. Lo demás no necesito relatarlo. Prosperamos, viajamos, regresamos a Inglaterra como ricos colonos y compramos fincas rurales. Durante más de veinte años hemos llevado una vida pacífica y provechosa, y confiábamos en que nuestro pasado estuviera sepultado para siempre. Imagínate, pues, mis sentimientos cuando en el marinero que vino a vernos reconocí al instante al hombre que había sido rescatado de los restos del naufragio. De algún modo nos había seguido la pista y se había propuesto vivir a costa de nuestros temores. Comprenderás ahora cómo fue que
“Abajo está escrito con letra tan temblorosa que apenas se puede leer:
«¡Beddoes escribe en clave para decir que H. lo ha contado todo. ¡Dulce Señor, ten piedad de nuestras almas!»