Codal
nydus/The Memoirs of Sherlock HolmesPublic
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La caja de cartón

ceñuda, pero ella lleva algo así como sorpresa en el rostro. Sí, la pobre ovejita, bien podía sorprenderse al leer la muerte en un rostro que rara vez le había mostrado otra cosa que amor. > “ —Pero fue culpa de Sarah, ¡y que la maldición de un hombre arruinado caiga sobre ella como una plaga y le pudra la sangre en las venas! No es que quiera exculparme. Sé que volví a beber, como la bestia que era. Pero ella me habría perdonado; se habría aferrado a mí tan firmemente como un cabo a un motón si esa mujer no hubiera oscurecido jamás nuestra puerta. Porque Sarah Cushing me amaba —ahí está la raíz del asunto—, me amaba hasta que todo su amor se convirtió en un odio venenoso al saber que yo valoraba más la huella del pie de mi mujer en el barro que a ella en cuerpo y alma. > “ —Eran tres hermanas en total. La mayor era simplemente una buena mujer, la segunda era un demonio y la tercera era un ángel. Sarah tenía treinta y tres años y Mary veintinueve cuando me casé. Éramos tan felices como largo era el día cuando montamos nuestra casa juntos, y en todo Liverpool no había mejor mujer que mi Mary. Y entonces invitamos a Sarah a pasar una semana, y la semana se convirtió en un mes, y una cosa llevó a la otra, hasta que pasó a ser una más de la familia. > “ —Por entonces yo llevaba la cinta azul de la templanza, íbamos ahorrando un dinerito y todo brillaba como un dólar nuevo. ¡Dios mío, quién iba a pensar que se llegaría a esto! ¿Quién lo habría soñado? > “ —Solía estar en casa los fines de semana muy a menudo y, a veces, si el barco se retrasaba

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