“Mi amigo subió con el médico a la cámara de la muerte, mientras yo me quedaba en el estudio, dándole vueltas al asunto en la cabeza una y otra vez, y sintiéndome tan sombrío como jamás lo había estado en mi vida. ¿Cuál era el pasado de este Trevor, púgil, viajero y buscador de oro, y cómo se había puesto en poder de este marinero de cara agria? ¿Por qué, además, se desmayaba ante una alusión a las iniciales medio borradas de su brazo, y moría de miedo al recibir una carta de Fordingham? Entonces recordé que Fordingham quedaba en Hampshire, y que este tal señor Beddoes, a quien el marinero había ido a visitar y presuntamente a chantajear, también había sido mencionado como residente en Hampshire. La carta, por lo tanto, podía provenir de Hudson, el marinero, diciendo que había traicionado el secreto culpable que parecía existir, o bien podía venir de Beddoes, advirtiendo a un viejo cómplice de que tal traición era inminente. Hasta ahí todo parecía bastante claro. Pero entonces, ¿cómo podía ser esta carta trivial y grotesca, tal como la había descrito el hijo? Debía de haberla malinterpretado. De ser así, tenía que tratarse de uno de esos ingeniosos códigos secretos que significan una cosa mientras parecen significar otra. Tenía que ver esa carta. Si había un significado oculto en ella, confiaba en poder arrancarlo a la luz. Durante una hora me senté a meditar sobre el asunto en la penumbra, hasta que por fin una criada llorosos entró
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The Gloria Scott
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