paralelismo; y aquí no hay paralelismo. No es fácil, por tanto, exponer la falacia con la que se crea una falsa clasificación para anegar una cosa única, cuando en verdad se trata de una cosa única. Así como no existe en ninguna otra parte exactamente el mismo hecho, tampoco existe en ninguna otra parte exactamente la misma falacia. Pero tomaré lo más cercano que pueda hallar a un fenómeno social tan solitario, con el fin de mostrar cómo es de este modo anegado y asimilado.
Imagino que la mayoría de nosotros coincidiría en que hay algo inusual y único en la situación de los judíos. No hay nada que sea, exactamente en el mismo sentido, una nación internacional; una cultura antigua dispersa por diferentes países pero que sigue siendo distinta e indestructible.
Pues bien, este asunto se parece a un intento de hacer una lista de naciones nómadas para suavizar la extraña soledad del judío. Sería bastante fácil hacerlo mediante el mismo procedimiento de poner primero una aproximación plausible y luego ir decayendo en cosas totalmente distintas metidas de cualquier modo para completar la lista.
Así, en la nueva lista de naciones nómadas, a los judíos les seguirían los gitanos; que al menos son verdaderamente nómadas si no verdaderamente nacionales. Luego, el profesor de la nueva ciencia del nomadismo comparado podría pasar fácilmente a algo diferente; aunque fuera muy diferente. Podría comentar la errante aventura de los ingleses, que habían dispersado sus colonias por tantos mares, y llamarlos nómadas. Es muy cierto que una gran cantidad de ingleses parecen estar extrañamente inquietos en Inglaterra. Es muy cierto que no todos han abandonado su país por el bien de su país.