La Guerra de los Dioses y los Demonios
La teoría materialista de la historia, según la cual toda la política y toda la ética son la expresión de la economía, es en verdad una falacia muy simple. Consiste simplemente en confundir las condiciones necesarias de la vida con las preocupaciones normales de la vida, que son algo completamente distinto. Es como decir que, puesto que un hombre solo puede andar sobre dos piernas, por lo tanto nunca anda excepto para comprar zapatos y medias. El hombre no puede vivir sin los dos pilares de la comida y la bebida, que lo sostienen como dos piernas; pero sugerir que estos han sido los motivos de todos sus movimientos en la historia es como decir que la meta de todas sus marchas militares o peregrinaciones religiosas debió de ser la pierna de oro de la señorita Kilmansegg o la pierna ideal y perfecta de Sir Willoughby Patterne. Pero son esos movimientos los que componen la historia de la humanidad, y sin ellos prácticamente no habría historia en absoluto. Las vacas pueden ser puramente económicas, en el sentido de que no vemos que hagan mucho más que pastar y buscar mejores praderas; y por eso una historia de las vacas en doce volúmenes no sería una lectura muy animada. Las ovejas y las cabras pueden ser economistas puras, al menos en su acción externa; pero esa es la razón por la que la oveja difícilmente ha sido heroína de guerras épicas y de imperios considerados dignos de una narración detallada; e incluso el cuadrúpedo más activo no ha inspirado un libro para muchachos titulado Hechos heroicos de cabras galantes o ningún título similar.