El Dios en la Cueva
Este esbozo de la historia humana comenzó en una cueva; la cueva que la ciencia popular asocia con el hombre de las cavernas y en la que el descubrimiento práctico ha hallado realmente dibujos arcaicos de animales.
La segunda mitad de la historia humana, que fue como una nueva creación del mundo, también comienza en una cueva. Hay incluso una sombra de semejante fantasía en el hecho de que los animales estuvieran presentes de nuevo; pues era una cueva usada como establo por los pastores de las tierras altas en torno a Belén, que todavía hoy introducen su ganado en tales oquedades y cavernas por la noche.
Fue aquí donde una pareja sin hogar se había arrastrado bajo tierra con el ganado cuando las puertas de la abarrotada posada les fueron cerradas en las narices; y fue aquí, bajo los mismísimos pies de los transeúntes, en un sótano bajo el mismísimo suelo del mundo, donde nació Jesucristo.
Pero en aquella segunda creación había en verdad algo simbólico en las raíces de la roca primordial o en los cuernos del rebaño prehistórico. Dios también fue un hombre de las cavernas, y también había trazado extrañas formas de criaturas, curiosamente coloreadas, sobre la pared del mundo; pero las imágenes que hizo habían cobrado vida.
Una masa de leyendas y literatura, que aumenta y nunca terminará, ha repetido y variado los temas de esa única paradoja: que las manos que habían hecho el sol y las estrellas eran demasiado pequeñas para alcanzar las enormes cabezas del ganado.