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nydus/The Everlasting ManPublic
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II. Los enigmas del Evangelio

La bienaventuranza a los mansos parecería ser una declaración muy violenta; en el sentido de hacer violencia a la razón y a la probabilidad. Y con esto llegamos a otra etapa importante en la especulación. Como profecía, realmente se cumplió; pero solo se cumplió mucho después. Los monasterios fueron las haciendas y los experimentos de reconstrucción más prácticos y prósperos tras el diluvio bárbaro; los mansos heredaron realmente la tierra. Pero nadie pudo haber sabido nada semejante en aquel momento —a menos que, en verdad, hubiera alguien que lo supiera—. Algo parecido puede decirse del episodio de Marta y María; que ha sido interpretado en retrospectiva y desde dentro por los místicos de la vida contemplativa cristiana. Pero no era en absoluto una perspectiva obvia; y de la mayoría de los moralistas, antiguos y modernos, se podía esperar que corrieran hacia lo obvio. ¡Qué torrentes de elocuencia sin esfuerzo habrían brotado de ellos para ensalzar cualquier ligera superioridad por parte de Marta!; qué magníficos sermones sobre la alegría del servicio, el evangelio del trabajo y el mundo dejado mejor de como lo encontramos, y en general los diez mil lugares comunes que pueden pronunciarse en favor de tomarse molestias —por gente que no necesita tomarse ninguna molestia en pronunciarlos—. Si en María, la mística y criatura del amor, Cristo estaba protegiendo la semilla de algo más sutil, ¿quién iba a comprenderlo en aquel momento? Nadie más habría podido ver a Clara, Catalina y Teresa brillando sobre el pequeño tejado de Betania. Ocurre de otro modo con aquella magnífica amenaza de traer al mundo una espada para separar y dividir. Nadie habría podido adivinar entonces ni cómo se cumpliría ni cómo se justificaría. De hecho, algunos librepensadores son todavía tan ingenuos como para caer en la trampa y

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