poderosas aguas; que otras extrañas criaturas caminan sobre cuatro patas, y que la criatura más extraña de todas camina sobre dos. Estas son cosas y no teorías; y comparadas con ellas, la evolución y el átomo y aun el sistema solar son meras teorías.
El asunto aquí es de historia y no de filosofía; de modo que solo es necesario señalar que ningún filósofo niega que un misterio sigue ligado a las dos grandes transiciones: el origen del universo mismo y el origen del principio de la vida misma.
La mayoría de los filósofos tienen la lucidez de añadir que un tercer misterio acompaña al origen del hombre mismo. En otras palabras, se construyó un tercer puente sobre un tercer abismo de lo incognoscible cuando llegaron al mundo lo que llamamos razón y lo que llamamos voluntad.
El hombre no es meramente una evolución, sino más bien una revolución. Que tenga una columna vertebral u otras partes según un patrón similar al de las aves y los peces es un hecho evidente, sea cual sea el significado de ese hecho. Pero si intentamos considerarlo, por decirlo así, como un cuadrúpedo apoyado en sus patas traseras, encontraremos que lo que sigue es mucho más fantástico y subversivo que si estuviera apoyado en su cabeza.
Tomaré un ejemplo que sirva de introducción a la historia del hombre. Ilustra lo que quiero decir al afirmar que se necesita cierta franqueza infantil para ver la verdad sobre la infancia del mundo. Ilustra lo que quiero decir al afirmar que una mezcla de ciencia popular y jerga periodística ha confundido los hechos sobre las primeras cosas, de modo que no podemos ver cuáles de ellas van realmente primero. Ilustra, aunque solo sea en un ejemplo oportuno, todo lo que quiero decir acerca de la necesidad de ver las marcadas diferencias que dan forma