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nydus/The Everlasting ManPublic
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I. El hombre en la cueva

El historiador debe darlo por sentado, o algo parecido; no es su tarea como historiador explicarlo. Pero si no puede explicarlo como historiador, tampoco lo explicará como biólogo.

En ninguno de los dos casos supone una deshonra para él aceptarlo sin explicarlo; pues es una realidad, y la historia y la biología tratan con realidades. Está plenamente justificado al enfrentarse con calma al cerdo con alas y a la vaca que saltó por encima de la luna, simplemente porque han sucedido.

Puede aceptar razonablemente al hombre como una rareza, porque acepta al hombre como un hecho. Puede sentirse perfectamente cómodo en un mundo loco y desconectado, o en un mundo capaz de producir algo tan loco y desconectado. Pues la realidad es algo en lo que todos podemos descansar, aunque apenas parezca relacionada con cualquier otra cosa. La cosa está ahí; y eso nos basta a la mayoría.

Pero si de verdad queremos saber cómo es concebible que haya llegado hasta ahí, si de verdad deseamos ver cómo se relaciona de forma realista con las cosas, si insistimos en verlo evolucionar ante nuestros propios ojos desde un entorno más cercano a su propia naturaleza, entonces, sin duda, es a cosas muy distintas adonde debemos acudir.

Debemos remover recuerdos muy extraños y volver a sueños muy simples si deseamos un origen que pueda hacer del hombre algo distinto a un monstruo. Habremos descubierto causas muy diferentes antes de que él se convierta en una criatura de la causalidad; y habremos invocado otra autoridad para convertirlo en algo razonable, o incluso en algo probable.

Por ahí se halla todo aquello que es a la vez terrible, familiar y olvidado, abarrancado de rostros espantosos y brazos de fuego.

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