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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. Dios y la religión comparada

Tampoco resulta fácil, ni siquiera en tales filosofías, hallar una verdadera definición de este profundo asunto de la relación entre el politeísmo y el teísmo. Tal vez lo más cerca que podemos estar de dar en el clavo, o de ponerle un nombre al asunto, se encuentre en algo muy alejado de toda esa civilización y más remoto de Roma que el aislamiento de Israel. Está en un dicho que escuché una vez de cierta tradición hindú: que los dioses, al igual que los hombres, no son más que los sueños de Brahma, y perecerán cuando Brahma despierte. Hay ciertamente en semejante imagen algo del alma de Asia que es menos sana que el alma de la cristiandad. Lo llamaríamos desesperación, aun si ellos lo llamaran paz. Este tono de nihilismo puede considerarse más adelante en una comparación más amplia entre Asia y Europa. Basta con decir aquí que hay más desilusión en esa idea de un despertar divino de la que está implícita para nosotros en el paso de la mitología a la religión. Pero el símbolo es muy sutil y exacto en un aspecto: en que sugiere la desproporción e incluso la ruptura entre las ideas mismas de la mitología y de la religión; el abismo entre ambas categorías. Es verdaderamente el colapso de la religión comparada el hecho de que no haya comparación entre Dios y los dioses. No hay más comparación que la que existe entre un hombre y los hombres que deambulan por sus sueños. Bajo el siguiente epígrafe se intentará señalar el crepúsculo de ese sueño en el que los dioses caminan como hombres. Pero si alguien imagina que el contraste entre el monoteísmo y el politeísmo es meramente una cuestión de que unas personas tengan un dios y otras unos cuantos más, para él estará mucho más cerca de la verdad sumergirse en la extravagancia elefantiásica de la cosmología brahmánica; para que pueda sentir un estremecimiento que recorre el velo de las cosas, los creadores de múltiples brazos, y los animales entronizados y con aureola, y toda la red de estrellas enmarañadas y gobernantes de la noche, mientras los temibles ojos de Brahma se abren como el alba sobre la muerte de todo.

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