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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. The Witness of the Heretics

menos en lo que respecta a picar y ser picado. La diferencia radicaba en que solo un punto dorado en todo aquel torbellino de polvo áureo poseía el poder de salir a construir colmenas para toda la humanidad; de dar al mundo miel y cera o (como se dijo tan bellamente en un contexto que se olvida con demasiada facilidad) «las dos cosas más nobles, que son la dulzura y la luz». Las avispas murieron todas aquel invierno; y parte de la dificultad estriba en que casi nadie sabe nada de ellas y la mayoría desconoce que hayan existido jamás; de modo que toda la historia de aquella primera fase de nuestra religión se ha perdido. O, para variar la metáfora, cuando este movimiento u otro cualquiera rompió el dique entre Oriente y Occidente y trajo más ideas místicas a Europa, trajo consigo una riada entera de otras ideas místicas además de las suyas propias, la mayoría ascéticas y casi todas pesimistas. Estuvieron a punto de inundar y anegar el elemento puramente cristiano. Provenían en su mayor parte de aquella región que era una especie de penumbra fronteriza entre las filosofías orientales y las mitologías orientales, y que compartía con los filósofos más exaltados esa extraña obsesión por trazar patrones fantásticos del cosmos en forma de mapas y árboles genealógicos. * Los que se supone que derivan del misterioso Manes se llaman maniqueos; * los cultos afines se conocen más comúnmente como gnósticos; son casi todos de una complejidad laberíntica, pero en lo que hay que insistir es en el pesimismo; en el hecho de que casi todos, de una forma u otra, consideraban la creación del mundo como la obra de un espíritu maligno. Algunos poseían esa atmósfera asiática que envuelve al budismo; la insinuación de que la vida es una corrupción de la pureza

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