solo una visión evocada para llenar el vacío que, de hecho, se abre como un abismo entre las primeras criaturas que fueron ciertamente hombres y cualquier otra criatura que sea ciertamente un simio u otro animal.
Se recogen a duras penas unos cuantos fragmentos muy dudosos para sugerir una criatura intermedia semejante porque así lo exige cierta filosofía; pero nadie supone que estos sean suficientes para establecer nada filosófico, ni siquiera en apoyo de dicha filosofía.
Un fragmento de cráneo hallado en Java no puede establecer nada acerca de la religión o de la ausencia de religión. Si es que alguna vez existió un hombre simio semejante, pudo haber manifestado tanta religiosidad ritual como un hombre o tanta simplicidad religiosa como un simio. Pudo haber sido un mitólogo o pudo haber sido un mito.
Podría ser interesante averiguar si esta cualidad mística apareció en la transición del mono al hombre, si es que realmente hubiera algún tipo de transición sobre el cual indagar. En otras palabras, el eslabón perdido podría ser o no ser místico de no estar perdido. Pero, en comparación con las pruebas que tenemos de seres humanos reales, no tenemos ninguna prueba de que fuera un ser humano, ni un ser medio humano, ni un ser en absoluto. Ni siquiera los evolucionistas más extremos intentan deducir de él ninguna perspectiva evolutiva sobre el origen de la religión.
Aun al tratar de probar que la religión creció lentamente a partir de orígenes rudos o irracionales, empiezan su prueba con los primeros hombres que fueron hombres. Pero su propia prueba solo demuestra que los hombres que ya eran hombres ya eran místicos. Utilizaron los elementos rudos e irracionales como solo los hombres y los místicos pueden utilizarlos. Volvemos una vez más a la simple verdad; de que en algún momento demasiado temprano para que estos críticos puedan rastrearlo, había