es con toda seguridad un romance. Pero los primeros capítulos del romance han sido arrancados del libro; y nunca los leeremos.
Lo mismo ocurre con la idea más específica sobre la evolución y la estabilidad social. Según los registros reales disponibles, la barbarie y la civilización no fueron etapas sucesivas en el progreso del mundo. Eran condiciones que existían lado a lado, tal como siguen existiendo lado a lado.
Había civilizaciones entonces como las hay ahora; hay salvajes ahora como los había entonces. Se sugiere que todos los hombres pasaron por una etapa nómada; pero es seguro que hay algunos que nunca han salido de ella, y parece bastante improbable que hubiera algunos que nunca entraron en ella.
Es probable que desde tiempos muy primitivos el agricultor sedentario y el pastor errante hayan sido dos tipos distintos de hombres; y la reorganización cronológica de ambos no es más que un síntoma de esa manía por las etapas progresivas que en gran medida ha falsificado la historia.
Se sugiere que hubo una etapa comunista, en la que la propiedad privada era en todas partes desconocida, una humanidad entera viviendo sobre la negación de la propiedad; pero las evidencias de esta negación son en sí mismas más bien negativas.
Las redistribuciones de la propiedad, los jubileos y las leyes agrarias se suceden a diversos intervalos y en diversas formas; pero que la humanidad haya pasado inevitablemente por una etapa comunista parece tan dudoso como la proposición paralela de que la humanidad volverá inevitablemente a ella.
Esto resulta sumamente interesante como prueba de que los planes más audaces para el futuro invocan la autoridad del pasado; y de que incluso un revolucionario busca convencerse de que es también un reaccionario.