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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. The Witness of the Heretics

accidentes y las anarquías de su época. Es por eso que reparte golpes imparciales a diestra y siniestra, contra el pesimismo del maniqueo o el optimismo del pelagiano. No era un movimiento maniqueo porque no era un movimiento en absoluto. No era una moda oficial porque no era una moda en absoluto. Era algo que podía coincidir con los movimientos y las modas, podía controlarlos y podía sobrevivirles.

Así podrían levantarse de sus tumbas los grandes heresiarcas para confundir a sus camaradas de hoy. No hay nada que los críticos afirmen ahora que no podamos invocar a estos grandes testigos para que lo nieguen. El crítico moderno dirá con toda ligereza que el cristianismo no fue sino una reacción hacia el ascetismo y la espiritualidad antinatural, una danza de faquires furiosos contra la vida y el amor. Pero Manes, el gran místico, les responderá desde su trono secreto y clamará: «Estos cristianos no tienen derecho a ser llamados espirituales; estos cristianos no tienen título para ser llamados ascetas; ellos, que pactaron con la maldición de la vida y toda la inmundicia de la familia. Por su culpa la tierra sigue mancillada por el fruto y la cosecha y contaminada por la población. Lo suyo no fue un movimiento contra la naturaleza, o mis hijos lo habrían llevado al triunfo; pero estos necios renovaron el mundo cuando yo lo habría acabado con un gesto». Y otro crítico escribirá que la Iglesia no fue sino la sombra del Imperio, la ocurrencia de un emperador casual, y que permanece en Europa tan solo como el fantasma del poder de Roma. Y Arrio el diácono responderá desde la oscuridad del olvido: «No, en verdad, o el mundo habría seguido mi religión, que era más razonable. Pues la mía cayó ante demagogos y hombres que desafiaban al César; y alrededor de mi adalid estaba la capa de púrpura y mía era la gloria de las águilas. No fue por falta de estas cosas por lo que fracasé». Y aún un tercer moderno sostendrá que el credo se extendió solo como una especie de pánico al fuego del infierno; hombres que en todas partes intentaban cosas imposibles al huir de una venganza increíble; una pesadilla de remordimiento imaginario; y tal explicación satisfará a muchos que ven algo terrible en la doctrina de la ortodoxia. Y

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