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nydus/The Everlasting ManPublic
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I. El hombre en la cueva

Esa es la lección más sencilla de aprender en la caverna de los cuadros de colores; solo que es demasiado simple para ser aprendida.

Es la simple verdad que el hombre difiere de las bestias en especie y no en grado; y la prueba de ello está aquí: que suena a perogrullada decir que el hombre más primitivo dibujó la imagen de un mono, y que suena a broma decir que el mono más inteligente dibujó la imagen de un hombre.

Algo de división y desproporción ha aparecido; y es único. El arte es la firma del hombre.

Ese es el tipo de verdad sencilla con la que una historia de los orígenes en realidad debería comenzar. El evolucionista se queda mirando fijamente en la caverna pintada las cosas que son demasiado grandes para ser vistas y demasiado simples para ser comprendidas. Intenta deducir toda clase de otras cosas indirectas y dudosas a partir de los detalles de las pinturas, porque no puede ver el significado primario del conjunto; deducciones escuálidas y teóricas sobre la ausencia de religión o la presencia de superstición; sobre el gobierno tribal, la caza, los sacrificios humanos y vete a saber qué más. En el siguiente capítulo intentaré trazar con un poco más de detalle la tan discutida cuestión sobre estos orígenes prehistóricos de las ideas humanas y, especialmente, de la idea religiosa. Aquí solo tomo este único caso de la cueva como una especie de símbolo de la clase de verdad más sencilla con la que la historia debería empezar. Bien mirado, el hecho principal que atestigua el registro de los hombres del reno, junto con todos los demás registros, es que el hombre del reno

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