fijamente los dos sólidos y estupefactos hechos llamados Egipto y Babilonia.
Por supuesto, la mayoría de estos especuladores que hablan de los hombres primitivos están pensando en los salvajes modernos. Prueban su evolución progresiva asumiendo que una gran parte del género humano no ha progresado ni evolucionado, ni siquiera ha cambiado de ninguna manera en absoluto.
No estoy de acuerdo con su teoría del cambio; ni tampoco estoy de acuerdo con su dogma de las cosas inmutables. Puede que no crea que el hombre civilizado haya tenido un progreso tan rápido y reciente; pero no alcanzo a comprender por qué el hombre incivilizado ha de ser tan místicamente inmortal e inmutable.
Un modo de pensar y de hablar algo más sencillo me parece necesario a lo largo de toda esta investigación.
Los salvajes modernos no pueden ser exactamente iguales al hombre primitivo, porque no son primitivos. Los salvajes modernos no son antiguos por el hecho de ser modernos. Algo les ha ocurrido a su raza tanto como a la nuestra, durante los miles de años de nuestra existencia y permanencia en la tierra.
Han tenido ciertas experiencias, y presumiblemente han actuado en consecuencia —si no es que las han aprovechado—, como el resto de nosotros. Han tenido cierto entorno, e incluso alguna modificación del entorno, y presumiblemente se han adaptado a él de una manera propia y decorosa, de acuerdo con la evolución. Esto sería verdad aun si las experiencias fuesen leves o el entorno sombrío; pues existe un efecto en el mero transcurso del tiempo cuando este adopta la forma moral de la monotonía.
Pero a un buen número de personas inteligentes y bien informadas les ha parecido bastante probable que la experiencia de los salvajes haya sido la