Brahma y todo lo que posee el aliento de vida estuvieran sujetos a Siva, resplandeciente con el ojo de la muerte.
El hecho de que la Iglesia primitiva estuviera ella misma llena de un entusiasmo extático por la renuncia y la virginidad hace que esta distinción resulte mucho más llamativa y no menos. Hace que sea aún más importante el lugar donde el dogma trazó la línea.
Un hombre podía andar a gatas como una bestia por ser asceta. Podía permanecer día y noche en lo alto de una columna y ser adorado por ser asceta. Pero no podía decir que el mundo fuera un error o el estado matrimonial un pecado sin ser un hereje.
¿Qué era aquello que así se desligaba deliberadamente del asceticismo oriental mediante una definición tajante y un rechazo feroz, si no era algo con individualidad propia y muy diferente?
Si los católicos han de ser confundidos con los gnósticos, solo podemos decir que no fue culpa suya si así ocurre. Y resulta bastante duro que los católicos sean criticados por los mismos críticos tanto por perseguir a los herejes como por simpatizar con la herejía.