Hombre y Mitologías
Lo que aquí se llama los Dioses bien podría llamarse alternativamente los Ensueños. Compararlos con los sueños no es negar que los sueños puedan hacerse realidad. Compararlos con los relatos de viajeros no es negar que puedan ser relatos verdaderos, o al menos relatos veraces. En verdad son el tipo de relatos que el viajero se cuenta a sí mismo. Todo este asunto mitológico pertenece a la parte poética de los hombres. Hoy en día parece olvidarse extrañamente que un mito es una obra de imaginación y, por tanto, una obra de arte. Se necesita un poeta para crearlo. Se necesita un poeta para criticarlo. Hay más poetas que no poetas en el mundo, como lo prueba el origen popular de tales leyendas. Pero por alguna razón que nunca he oído explicar, solo a la minoría de personas impoéticas se le permite escribir estudios críticos sobre estos poemas populares. No sometemos un soneto a un matemático ni una canción a un niño prodigio de los números; pero sí nos entregamos a la idea igualmente fantástica de que el folclore puede ser tratado como una ciencia. A menos que estas cosas se aprecien artísticamente, no se aprecian en absoluto. * Cuando el bárbaro le dice al profesor que una vez no hubo nada excepto una gran serpiente emplumada, a menos que el sabio sienta un escalofrío y una ligera tentación de desear que fuera verdad, no es juez de tales cosas en