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nydus/The Everlasting ManPublic
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VI. Las cinco muertes de la fe

tras año hemos disminuido nuestras esperanzas y mermado nuestras convicciones; nos hemos acostumbrado cada vez más a ver esos lagares y viñedos sepultados bajo las inundaciones y el último sabor y vestigio de aquel elemento especial desvaneciéndose como una mancha púrpura sobre un mar gris. Nos hemos acostumbrado a la dilución, a la disolución, a un aguamiento que no terminaba jamás. Mas tú has guardado el buen vino hasta

Este es el último hecho, y es el más extraordinario de todos. * La fe no solo ha muerto a menudo, sino que a menudo ha muerto de vieja. * No solo la han matado con frecuencia, sino que a menudo ha muerto de muerte natural; en el sentido de llegar a un fin natural y necesario. Es evidente que ha sobrevivido a las persecuciones más salvajes y universales, desde la conmoción de la furia de Diocleciano hasta la de la Revolución francesa. Pero posee una tenacidad más extraña e incluso más insólita; ha sobrevivido no solo a la guerra, sino a la paz. No solo ha muerto a menudo, sino que se ha degenerado y corrompido con frecuencia; ha sobrevivido a su propia debilidad e incluso a su propia rendición. No hace falta repetir lo que es tan obvio sobre la belleza del final de Cristo en su maridaje de juventud y muerte. Pero esto es casi como si Cristo hubiera vivido hasta la última edad posible, hubiera sido un sabio de cabellos blancos de cien años y hubiera muerto de descomposición natural, para luego resucitar rejuvenecido, entre trompetas y el desgarro del cielo. Se ha dicho con bastante verdad que el cristianismo humano, en su debilidad recurrente, a veces estuvo demasiado unido a los

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