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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. Dios y la religión comparada

Posiblemente el viejo dios representaba una vieja moralidad que resultaba molesta en momentos de mayor expansión; posiblemente el comercio con demonios estaba más de moda entre la mejor gente, como en la moderna moda del Espiritualismo. Como sea, hay una infinidad de ejemplos similares. Todos ellos dan testimonio de la psicología inconfundible de algo que se da por sentado, a diferencia de algo de lo que se habla.

Hay un ejemplo sorprendente en un cuento tomado palabra por palabra de un indio piel roja de California, que comienza con un abundante deleite legendario y literario:

«El sol es el padre y gobernante de los cielos. Él es el gran jefe. La luna es su esposa y las estrellas son sus hijos»;

y así sucesivamente a través de una historia de lo más ingeniosa y complicada, en cuyo centro hay un paréntesis repentino que dice que el sol y la luna tienen que hacer algo porque «Así lo ha ordenado el Gran Espíritu que vive por encima del lugar de todos».

Esa es exactamente la actitud de la mayor parte del paganismo hacia Dios. Es algo dado por sentado, olvidado y recordado por accidente; un hábito posiblemente no exclusivo de los paganos.

A veces, la deidad superior es recordada en los grados morales más altos y es una especie de misterio. Pero siempre, como se ha dicho con razón, el salvaje es hablador acerca de su mitología y taciturno acerca de su religión.

Los salvajes australianos, en efecto, exhiben un mundo al revés tal que los antiguos habrían considerado verdaderamente digno de las antípodas. El salvaje al que no le importa soltar una fruslería como que el sol y la luna son las mitades de un bebé cortado en dos, o charlar

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