llamarse cuento de amor de la lumbre o cuento infantil; porque era un cuento del interior del hogar; como aquellos que hacen que sillas y mesas hablen como duendes. Los viejos dioses domésticos de los campesinos italianos parecen haber sido grandes e imprecisas imágenes de madera, más carentes de rasgos que el mascarón de proa que Quilp apaleaba con las tenazas. Esta religión del hogar era sumamente hogareña. Por supuesto, había otros elementos menos humanos en el enredo de la mitología italiana. Había deidades griegas superpuestas a las romanas; había aquí y allá cosas más feas en el fondo, experimentos del paganismo cruel, como el rito aricio del sacerdote que da muerte al matador. Pero estas cosas estaban siempre latentes en el paganismo; no son ciertamente el carácter peculiar del paganismo latino. La peculiaridad de este puede resumirse a grandes rasgos diciendo que, si la mitología personificaba las fuerzas de la naturaleza, esta mitología personificaba la naturaleza transformada por las fuerzas del hombre. Era el dios del grano y no de la hierba, del ganado y no de las
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VII. La Guerra de los Dioses y los Demonios
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