Para un hombre que no cree en un milagro, un milagro lento sería tan increíble como uno rápido. * La bruja griega pudo haber convertido a los marineros en cerdos con un golpe de varita. Pero ver a un caballero de la marina de nuestra amistad parecerse un poco más a un cerdo cada día, hasta terminar con cuatro pezuñas y una cola rizada, no resultaría en absoluto más tranquilizador. Podría ser más espeluznante y siniestro. * El mago medieval pudo haber volado por los aires desde lo alto de una torre; pero ver a un viejo caballero caminar por el aire, de manera pausada y despreocupada, seguiría pareciendo requerir alguna explicación. Sin embargo, a través de todo el tratamiento racionalista de la historia corre esta curiosa y confusa idea de que la dificultad se evita, o incluso que el misterio se elimina, al insistir en la mera demora o en algo moroso en los procesos de las cosas. > Habrá algo que decir sobre ejemplos particulares en otro lugar; la cuestión aquí es la falsa atmósfera de facilidad y soltura que otorga la mera sugerencia de ir despacio; el tipo de consuelo que se le podría dar a una viejecita nerviosa que viaja por primera
El señor H. G. Wells ha confesado ser un profeta; y en este asunto fue un profeta a su propia costa. Es curioso que su primer cuento de hadas fuera una respuesta completa a su último libro de historia. > La máquina del tiempo destruyó de antemano todas las conclusiones cómodas basadas en la mera relatividad del tiempo. En aquella sublime pesadilla, el héroe vio los árboles dispararse como cohetes verdes y la vegetación extenderse visiblemente como una conflagración verde,