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nydus/The Everlasting ManPublic
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VI. Los demonios y los filósofos

superior está demasiado lejos como para recurrir a ella en ciertos asuntos triviales, y los hombres invocan a los espíritus porque son, en un sentido más literal, espíritus familiares. Pero con la idea de emplear a los demonios que hacen que las cosas sucedan, surge una nueva idea más digna de los demonios. De hecho, puede describirse verdaderamente como la idea de ser digno de los demonios; de hacerse apto para su sociedad fastidiosa y exigente. La superstición de la especie más ligera juguetea con la idea de que alguna nimiedad, algún pequeño gesto como echar la sal, puede tocar el resorte oculto que mueve la maquinaria misteriosa del mundo. Y después de todo hay algo en la idea de un Sésamo Ábrete semejante. Pero con el llamamiento a los espíritus inferiores llega la horrible noción de que el gesto no solo debe ser muy pequeño sino muy bajo; que debe ser el truco de un mono de una laya absolutamente fea e indigna. Tarde o temprano un hombre se dispone deliberadamente a hacer lo más repugnante que se le pueda ocurrir. Se siente que el extremo del mal extorsionará una especie de atención o respuesta de las fuerzas malignas bajo la superficie del mundo. Este es el significado de la mayor parte del canibalismo en el mundo. Pues la mayor parte del canibalismo no es un hábito primitivo ni siquiera bestial. Es artificial e incluso artístico; una especie de arte por el arte. Los hombres no lo hacen porque no les parezca horrible; sino, por el contrario, porque sí les parece horrible. Desean, en el sentido más literal, cenar horrores. Por eso se descubre a menudo que las razas toscas como los nativos australianos no son caníbales; mientras que razas mucho más refinadas e inteligentes, como los maoríes de Nueva Zelanda, a veces lo son. Son lo suficientemente refinados e inteligentes como para entregarse a veces a un diabolismo consciente de sí mismo. Pero si pudiera comprenderse su mente, o incluso comprenderse realmente su lenguaje, probablemente descubriríamos que no estaban

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