de tipografía, que consideraría adecuado al hablar en primera persona. Estoy hablando como un ser humano pagano imaginario, contemplando honestamente la historia del Evangelio por
Ahora no es en absoluto fácil considerar el Nuevo Testamento como un Nuevo Testamento.
No es en absoluto fácil percibir la buena nueva como nueva. Tanto para bien como para mal, la familiaridad nos llena de suposiciones y asociaciones; y ningún hombre de nuestra civilización, piense lo que piense de nuestra religión, puede leer realmente el texto como si nunca antes hubiera oído hablar de él.
Por supuesto, en cualquier caso resulta totalmente a-histórico hablar como si el Nuevo Testamento fuera un libro primorosamente encuadernado que hubiera caído del cielo. Es simplemente la selección hecha por la autoridad de la Iglesia a partir de una masa de literatura cristiana primitiva.
Pero, aparte de cualquier cuestión de este tipo, existe una dificultad psicológica para sentir el Nuevo Testamento como nuevo. Existe una dificultad psicológica para ver esas palabras tan conocidas tal como están y sin ir más allá de lo que representan intrínsecamente.
Y esta dificultad debe de ser ciertamente muy grande; pues el resultado de ella es de lo más curioso. El resultado es que la mayoría de los críticos modernos y de la crítica actual, incluso la popular, hacen un comentario que es exactamente lo opuesto a la verdad. Es tan completamente lo opuesto a la verdad que uno casi podría sospechar que no han leído jamás el Nuevo Testamento.
Todos hemos oído decir cien veces, pues parece que nunca se cansan de repetirlo, que el Jesús del Nuevo Testamento es ciertamente un amante de la humanidad de lo más misericordioso y humano, pero que la Iglesia