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nydus/The Everlasting ManPublic
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VII. La Guerra de los Dioses y los Demonios

podido contratar a cien cristianos para que se los comieran los leones a chelín la hora; pues los hombres no se dejan martirizar por dinero. Pero la visión que evoca la realpolitik, o política realista, es de una locura y una incredulidad sin precedentes. ¿Cree alguien en el mundo que un soldado dice: «Se me cae la pierna a pedazos, pero seguiré hasta que se caiga; pues, al fin y al cabo, disfrutaré de todas las ventajas de que mi gobierno obtenga un puerto de aguas templadas en el golfo de Finlandia»? ¿Puede suponer alguien que un oficinista convertido en recluta dice: «Si me gasean, probablemente moriré entre tormentos; pero es un consuelo pensar que, si alguna vez decido hacerme buscador de perlas en los mares del Sur, esa carrera estará abierta para mí y para mis compatriotas»? La historia materialista es la más absurdamente increíble de todas las historias, o incluso de todas las novelas. Comience lo que fuere las guerras, lo que las sostiene es algo que reside en el alma; algo afín a la religión. Es lo que los hombres sienten acerca de la vida y de la muerte. Un hombre próximo a la muerte se enfrenta directamente a un absoluto; es un sinsentido decir que solo le preocupan las complicaciones relativas y remotas que la muerte, en cualquier caso, va a terminar. Si le sostienen ciertas lealtades, estas deben ser tan simples como la muerte. Por lo general, son dos ideas, que son solo dos caras de una misma idea. La primera es el amor a algo que se dice amenazado, aunque solo se conozca vagamente como hogar; la segunda es la aversión y el desafío hacia algo extraño que lo amenaza. La primera es mucho más filosófica de lo que parece, aunque no necesitamos discutirlo aquí. Un hombre no quiere que su hogar nacional sea destruido ni siquiera cambiado, porque ni siquiera puede recordar todas las cosas buenas que conlleva; del mismo modo que no quiere que su casa sea incendiada, porque difícilmente podría enumerar todas las cosas que echaría de menos. Por lo tanto, lucha por lo que parece una abstracción difusa, pero que en realidad es una casa. Pero el lado negativo de esto es tan noble como fuerte. Los hombres luchan con más dureza cuando sienten que el enemigo es a la vez un viejo enemigo y un eterno desconocido, que su atmósfera

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