cristianismo fue un síntoma de decadencia social, del mismo modo que yo pienso que la Ciencia Cristiana es un síntoma de decadencia mental. Pueden pensar que el cristianismo fue una superstición que acabó destruyendo una civilización, al igual que yo pienso que la Ciencia Cristiana es una superstición capaz (si se toma en serio) de destruir cualquier cantidad de civilizaciones. Pero decir que un cristiano de los siglos cuarto o quinto era un bárbaro que vivía en una época bárbara es exactamente igual que decir que la señora Eddy era una piel roja. Y si mi impaciencia congénita hacia la señora Eddy me impulsara a llamarla piel roja, estaría diciendo, de paso, una mentira. Puede gustarnos o disgustarnos la civilización imperial de Roma en el siglo cuarto; puede gustarnos o disgustarnos la civilización industrial de América en el siglo diecinueve; pero que ambas eran lo que comúnmente entendemos por civilización es algo que ninguna persona con sentido común podría negar, por mucho que quisiera. Este es un hecho muy obvio, pero también muy fundamental; y debemos convertirlo en el cimiento de cualquier descripción posterior del cristianismo constructivo en el pasado. Para bien o para mal, fue de manera preeminente el producto de una época civilizada, tal vez de una época sobrecivilizada. Este es el primer hecho, al margen de toda alabanza o reproche; de hecho, tengo la desgracia de no sentir que alabo algo cuando lo comparo con la Ciencia Cristiana. Pero es al menos deseable saber algo del sabor de una sociedad en la que estemos condenando o alabando cualquier cosa; y la ciencia que vincula a la señora Eddy con los tomahawks o la Mater Dolorosa con los tótems puede eliminarse en aras de nuestra conveniencia general. El hecho dominante, no solo respecto a la religión cristiana, sino a toda la civilización pagana, fue el que ya se ha repetido más de una vez en estas
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IV. The Witness of the Heretics
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