Eso sin duda ha dejado de ser una mera filosofía, pero solo al convertirse en una mera mitología. Una cosa es cierta: nunca ha llegado a ser nada que se parezca remotamente a lo que nosotros llamamos una Iglesia.
Parecerá una mera broma decir que toda la historia religiosa ha sido en realidad un esquema de ceros y cruces (noughts and crosses). Pero por ceros no entiendo nadas, sino tan solo cosas que son negativas en comparación con la forma o el patrón positivo de la otra. Y aunque el símbolo es por supuesto solo una coincidencia, es una coincidencia que realmente coincide. La mente de Asia puede ser representada en verdad por una O redonda, si no en el sentido de una cifra, al menos de un círculo. El gran símbolo asiático de una serpiente con la cola en la boca es de verdad una imagen muy perfecta de cierta idea de unidad y recurrencia que de hecho pertenece a las filosofías y religiones orientales. Es verdaderamente una curva que en un sentido lo abarca todo, y en otro sentido no llega a nada. En ese sentido confiesa, o más bien presume, de que toda discusión es un argumento en círculo. Y aunque la figura no sea más que un símbolo, podemos ver cuán sólido es el sentido simbólico que lo produce, el símbolo paralelo de la Rueda de Buda llamado generalmente la Esvástica. La cruz es algo en ángulo recto que apunta audazmente en direcciones opuestas; pero la esvástica es esa misma cosa en el acto mismo de retornar a la curva recurrente. Esa cruz torcida es de hecho una cruz que se convierte en rueda. Antes de descartar estos símbolos como si fueran símbolos arbitrarios, debemos recordar cuán intenso fue el instinto imaginativo que los produjo o los seleccionó tanto en Oriente como en Occidente. La cruz se ha convertido en algo más que un recuerdo histórico; transmite, casi como por un diagrama matemático, la verdad sobre el meollo de la cuestión; la idea de un conflicto que se extiende hacia afuera hasta la eternidad. Es