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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. Dios y la religión comparada

Que conservemos algo de esa sencillez primigenia, que los poetas y los filósofos aún puedan de algún modo rezar una Oración Universal, que vivamos en un mundo amplio y sereno bajo un cielo que se extiende paternalmente sobre todos los pueblos de la tierra, que la filosofía y la filantropía sean perogrulladas en una religión de hombres razonables, todo eso se lo debemos en verdad, después del cielo, a un pueblo nómada, reservado e inquieto; que concedió a los hombres la suprema y serena bendición de un Dios celoso.

La posesión única no estaba disponible ni era accesible para el mundo pagano, porque era también la posesión de un pueblo celoso. Los judíos eran impopulares, en parte debido a esa estrechez de miras ya señalada en el mundo romano, en parte quizá porque ya habían caído en el hábito de limitarse a manipular las cosas para el intercambio en lugar de trabajar para fabricarlas con sus manos. Se debía también en parte a que el politeísmo se había convertido en una especie de selva en la que el monoteísmo solitario podía perderse; pero resulta extraño comprender cuán por completo se perdió en realidad. Aparte de asuntos más discutidos, había elementos en la tradición de Israel que hoy pertenecen a toda la humanidad, y que podrían haber pertenecido a toda la humanidad entonces. Tenían una de las piedras angulares más colosales del mundo: el Libro de Job. Este destaca obviamente frente a la Ilíada y a las tragedias griegas; y, más aún que estas, fue un temprano encuentro y despedida de la poesía y la filosofía en la alborada del mundo. Es un espectáculo solemne y edificante ver a esos dos locos eternos, el optimista y el pesimista, destruidos en los albores de los tiempos. Y la filosofía perfecciona verdaderamente la trágica ironía pagana, precisamente porque es más monoteísta y, por ende, más mística. De hecho, el Libro de Job responde declaradamente al misterio tan solo con misterio. Job es consolado con acertijos; pero es consolado. He aquí verdaderamente un tipo, en el sentido de profecía, de cosas que hablan con autoridad. Pues cuando el que duda solo puede decir: «No

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