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nydus/The Everlasting ManPublic
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VIII. El fin del mundo

tanto en aquellos tiempos como en los nuestros, la familia humana en sí comenzó a desmoronarse bajo la organización servil y el hacinamiento de las ciudades. La turba urbana se iluminó; es decir, perdió la energía mental capaz de crear mitos. Alrededor de todo el círculo de las ciudades mediterráneas la gente lloraba la pérdida de los dioses y era consolada con gladiadores. Y mientras tanto, algo similar le ocurría a aquella aristocracia intelectual de la antigüedad que había estado paseando y charlando a sus anchas desde los tiempos de Sócrates y Pitágoras. Empezaron a revelarle al mundo el hecho de que caminaban en círculos y decían una y otra vez lo mismo. La filosofía empezó a ser una broma; también empezó a ser un fastidio. Aquella simplificación antinatural de todo en un sistema u otro, que hemos señalado como el defecto del filósofo, reveló de inmediato su carácter definitivo y su inutilidad. Todo era virtud, o todo era felicidad, o todo era destino, o todo era bueno, o todo era malo; de cualquier modo, todo era todo y no había nada más que decir; así que lo dijeron. Por todas partes los sabios habían degenerado en sofistas; es decir, en retóricos de alquiler o adivinos. Uno de los síntomas de esto es que el sabio empieza a transformarse no solo en sofista, sino también en mago. Un toque de ocultismo oriental es muy bien recibido en las mejores casas. Como el filósofo ya es un animador de la alta sociedad, bien puede ser también un prestidigitador.

Muchos modernos han insistido en la pequeñez de aquel mundo mediterráneo; y en los horizontes más amplios que podrían haberle esperado con el descubrimiento de los otros continentes. Pero esto es una ilusión; una de las muchas ilusiones del materialismo. * Los límites a los que el paganismo había llegado en Europa eran los límites de la existencia humana; en su mejor versión, solo

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