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nydus/The Everlasting ManPublic
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VIII. El fin del mundo

sido un retorno ni siquiera a la juventud pagana, sino más bien a la decrepitud pagana. Pero las causas fueron espirituales en ambos casos; y, en especial, el espíritu del paganismo se había marchado con sus espíritus familiares. El corazón se le había escapado junto con sus dioses lares, que se marcharon a la par que los dioses del huerto, del campo y del bosque. El Viejo del Bosque era demasiado viejo; ya se estaba muriendo. Se dice con razón, en cierto sentido, que Pan murió porque nació Cristo. Es casi igual de verdad, en otro sentido, que los hombres supieron que Cristo había nacido porque Pan ya estaba muerto. La desaparición de toda la mitología de la humanidad dejó un vacío que nos habría asfixiado como una cámara de aire de no haber sido colmado con teología. Pero lo que importa por el momento es que la mitología no habría podido durar como la teología bajo ningún concepto. La teología es pensamiento, estemos o no de acuerdo con ella. La mitología nunca fue pensamiento, y nadie podía realmente estar de acuerdo o en desacuerdo con ella. Era un mero estado de ánimo fascinante, y cuando ese estado de ánimo se desvanecía ya no se podía recuperar. Los hombres no solo dejaron de creer en los dioses, sino que se dieron cuenta de que nunca habían creído en ellos. Habían cantado sus alabanzas; habían bailado en torno a sus altares. Habían tocado la flauta; habían hecho el tonto.

Así llegó el crepúsculo sobre la Arcadia, y las últimas notas de la flauta suenan con tristeza desde el olivar. En los grandes poemas virgilianos hay ya algo de esa tristeza; pero los amores y los dioses lares perduran en versos hermosos como aquel que el señor Belloc tomó como prueba de comprensión: incipe, parve puer, risu cognoscere matrem. Pero

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