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nydus/The Everlasting ManPublic
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VI. Los demonios y los filósofos

verdad, e incluso una tautología, decir que la cruz es la crux (el meollo) de todo el asunto.

En otras palabras, la cruz, tanto en los hechos como en la figura, representa verdaderamente la idea de romper el círculo que es el todo y la nada. Realmente escapa del argumento circular por el cual todo empieza y termina en la mente.

Dado que todavía nos manejamos con símbolos, esto podría expresarse mediante una parábola a la usanza de aquella historia sobre san Francisco, la cual cuenta que las aves que partían con su bendición podían volar hacia las infinidades de los cuatro vientos del cielo, y sus rastros dibujaban una vasta cruz en el firmamento; pues, en comparación con la libertad de ese vuelo de pájaros, la mismísima forma de la esvástica se asemeja a un gatito persiguiéndose la cola.

En una alegoría más popular, podríamos decir que cuando san Jorge clavó su lanza en las fauces del monstruo, irrumpió en la soledad de la serpiente que se devora a sí misma y le dio algo que morder además de su propia cola.

Pero si bien se pueden usar muchas fantasías como imágenes de la verdad, la verdad en sí misma es abstracta y absoluta; aunque no sea muy fácil resumirla si no es mediante tales imágenes. El cristianismo sí apela a una verdad sólida fuera de sí mismo; a algo que en ese sentido es tan externo como eterno. Sí declara que las cosas están realmente ahí; o, en otras palabras, que las cosas son verdaderamente cosas. En esto, el cristianismo coincide con el sentido común; pero toda la historia religiosa demuestra que este sentido común perece salvo allí donde existe el cristianismo para preservarlo.

No puede existir de otro modo, o al menos perdurar, porque el mero pensamiento no se mantiene cuerdo. En cierto sentido, se vuelve demasiado simple para estar cuerdo. La tentación de los filósofos es la

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