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nydus/The Everlasting ManPublic
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II. Los enigmas del Evangelio

Si Mahoma hubiera nacido en Acton en el siglo XIX, bien podríamos dudar de que hubiera llenado instantáneamente aquel suburbio con harenes de cuatro esposas cada uno. Como nació en Arabia en el siglo VI, sugirió en sus arreglos conyugales las condiciones de la Arabia del siglo VI. Pero Cristo, en su visión del matrimonio, no sugiere en lo más mínimo las condiciones de la Palestina del siglo primero. No sugiere absolutamente nada, excepto la visión sacramental del matrimonio desarrollada mucho después por la Iglesia Católica. Era tan difícil para la gente de entonces como lo es para la gente de ahora. Era mucho más desconcertante para la gente de entonces que para la gente de ahora. Judíos, romanos y griegos no creían, y ni siquiera comprendían lo suficiente como para no creer, la idea mística de que el hombre y la mujer se habían convertido en una sustancia sacramental. Podemos pensar que es un ideal increíble o imposible; pero no podemos pensar que sea más increíble o imposible de lo que ellos lo habrían considerado. En otras palabras, sea lo que fuere lo cierto, no es verdad que la controversia haya sido alterada por el tiempo. Sea lo que fuere lo cierto, no es verdad en absoluto que las ideas de Jesús de Nazaret fueran adecuadas a su tiempo, pero ya no lo sean para el nuestro. Cuán adecuadas fueron exactamente a su tiempo tal vez se sugiera al final de su historia.

La misma verdad podría expresarse de otro modo diciendo que, si la historia se considera meramente humana e histórica, resulta extraordinario lo poco que hay en las palabras registradas de Cristo que lo ate de algún modo a su propia época. No me refiero a los detalles de un periodo, que incluso un hombre de ese periodo sabe que son pasajeros. Me refiero a los fundamentos que incluso el hombre más sabio suele asumir vagamente como eternos. Por ejemplo, Aristóteles fue tal vez el hombre más sabio y de miras más amplias que jamás haya vivido. Se basó

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