dejar algo fuera. No me refiero a dejar fuera algo divino, sino algo humano: la bandera, la posada, la historia de batallas del muchacho o el seto al final del campo. Los teósofos construyen un panteón; pero es solo un panteón para panteístas. Convoca un Parlamento de las Religiones como una reunión de todos los pueblos; pero no es más que una reunión de todos los meapilas. Sin embargo, un panteón exactamente así había sido erigido dos mil años antes a orillas del Mediterráneo; y a los cristianos se les invitó a colocar la imagen de Jesús junto a la imagen de Júpiter, de Mitra, de Osiris, de Atis o de Amón. Fue la negativa de los cristianos lo que marcó el punto de inflexión de la historia. Si los cristianos hubieran aceptado, ellos y el mundo entero se habrían ido al traste sin duda alguna —empleando una metáfora tan burda como exacta—. Se habrían disuelto en un único líquido tibio dentro de esa gran olla de corrupción cosmopolita en la que los demás mitos y misterios ya se estaban derritiendo. Fue una huida terrible y espantosa. Nadie comprende la naturaleza de la Iglesia, ni el eco resonante del credo que desciende desde la antigüedad, si no se da cuenta de que el mundo entero estuvo a punto de morir una vez de amplitud de miras y de la hermandad de todas
Aquí estriba el punto importante de que los Magos, que representan el misticismo y la filosofía, sean concebidos verdaderamente como en busca de algo nuevo e incluso como halladores de algo inesperado. Ese tenso sentido de crisis que aún hormiguea en la historia navideña, y hasta en cada celebración de la Navidad, acentúa la idea de una búsqueda y un descubrimiento. El descubrimiento es, en este caso, verdaderamente un descubrimiento científico. Para las otras figuras místicas del auto sacramental, para el ángel y la madre, los pastores y los soldados de Herodes, puede haber aspectos más sencillos y más sobrenaturales, más elementales o más