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nydus/The Everlasting ManPublic
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VII. La Guerra de los Dioses y los Demonios

Ningún hombre sabio deseará traer más palabras largas al mundo. Pero quizá sea admisible decir que necesitamos algo nuevo, que bien puede llamarse historia psicológica.

Me refiero a la consideración de lo que las cosas significaban en la mente de un hombre, especialmente de un hombre común; a diferencia de lo que se define o deduce meramente de las formas oficiales o de los pronunciamientos políticos. Ya me he referido a ello en casos como el del tótem o, en realidad, cualquier otro mito popular.

No basta con que nos digan que a un gato montés se le llamaba tótem; especialmente cuando no se le llamaba tótem. Queremos saber qué se sentía. ¿Era como el gato de Whittington o como el gato de una bruja? ¿Era su verdadero nombre Pasht o el Gato con Botas?

Ese es el tipo de cosas que necesitamos en lo que toca a la naturaleza de las relaciones políticas y sociales. Queremos saber cuál era el sentimiento real que constituía el vínculo social de muchos hombres comunes, tan cuerdos y tan egoístas como nosotros.

  • ¿Qué sentían los soldados al ver brillar en el cielo aquel extraño tótem al que llamamos el Águila de Oro de las legiones?
  • ¿Qué sentían los vasallos acerca de esos otros totems, los leones o los leopardos en el escudo de su señor?

Mientras descuidemos este lado subjetivo de la historia, que de manera más simple puede llamarse el interior de la historia, siempre habrá una cierta limitación en esa ciencia, limitación que puede ser superada con mayor acierto por el arte.

Mientras el historiador no pueda hacer eso, la ficción será más verdadera que el hecho. Habrá más realidad en una novela; sí, incluso en una novela histórica.

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