Podemos aceptar al hombre como un hecho, si nos conformamos con un hecho sin explicación. Podemos aceptarlo como un animal, si podemos vivir con un animal fabuloso. Pero si de verdad necesitamos secuencia y necesidad, entonces en verdad debemos procurar un preludio y un crescendo de milagros ascendentes, para que, introducido con truenos impensables en los siete cielos de otro orden, el hombre pueda ser una cosa ordinaria.
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I. El hombre en la cueva
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