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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. Dios y la religión comparada

comprendo», es verdad que el que sabe solo puede replicar o repetir: «Tú no comprendes». Y bajo ese reproche siempre hay una súbita esperanza en el corazón; y la sensación de algo que valdría la pena comprender. Pero este poderoso poema monoteísta pasó desapercibido para todo el mundo antiguo, que estaba abarrotado de poesía politeísta. Es una muestra de la manera en que los judíos se mantuvieron al margen y conservaron su tradición inquebrantable y compartida por nadie, el hecho de que hayan mantenido algo como el Libro de Job apartado de todo el mundo intelectual de la antigüedad. Es como si los egipcios hubieran ocultado modestamente la Gran Pirámide. Pero había otras razones para un desencuentro y un callejón sin salida, característicos de toda la etapa final del paganismo. Después de todo, la tradición de Israel solo se había aferrado a una mitad de la verdad, aun si usamos la paradoja popular y la llamamos la mitad más grande. Intentaré delinear en el próximo capítulo ese amor por la localidad y por la personalidad que impregnaba la mitología; aquí solo cabe decir que había en ella una verdad que no podía omitirse, aunque fuera una verdad más ligera y menos esencial. El dolor de Job tenía que unirse al dolor de Héctor; y mientras que el primero era el dolor del universo, el segundo era el dolor de la ciudad; pues Héctor solo podía permanecer señalando al cielo como el pilar de la sagrada Troya. Cuando Dios habla desde el torbellino, bien puede hablar en el desierto. Pero el monoteísmo del nómada no era suficiente para toda esa civilización variada de campos, cercas, ciudades amuralladas, templos y pueblos; y a estas cosas también les llegaría su turno, cuando ambas pudieran combinarse en una religión más definida y doméstica. Aquí y allá en toda esa multitud pagana se podía encontrar un filósofo cuyos pensamientos giraban en torno al teísmo puro; pero nunca tuvo, ni supuso tener, el poder de cambiar las costumbres de toda la población.

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