Para resumir: la cordura del mundo quedó restablecida y el alma del hombre recibió la salvación gracias a algo que de verdad satisfizo las dos tendencias en conflicto del pasado; tendencias que nunca se habían satisfecho por completo y, con toda certeza, jamás se habían satisfecho juntas.
Sisifisizo la búsqueda mitológica del romanticismo al ser una historia y la búsqueda filosófica de la verdad al ser una historia verdadera. Por eso la figura ideal tenía que ser un personaje histórico, ya que nadie había sentido jamás que Adonis o Pan fueran personajes históricos.
Pero por eso también el personaje histórico tenía que ser la figura ideal; e incluso cumplir muchas de las funciones conferidas a estas otras figuras ideales; por qué era a la vez el sacrificio y el banquete, por qué se le podía mostrar bajo los emblemas de la vid creciente o el sol naciente.
Cuanto más profundamente reflexionemos sobre el asunto, más concluiremos que, si de verdad existe un Dios, su creación difícilmente podría haber alcanzado otra culminación que no fuera esta concesión de un romance real al mundo.
De otro modo, las dos vertientes de la mente humana jamás se habrían tocado; y el cerebro del hombre habría permanecido hendido y dual, con un lóbulo soñando sueños imposibles y el otro repitiendo cálculos invariables.
- Los creadores de imágenes habrían permanecido para siempre pintando el retrato de nadie.
- Los sabios habrían permanecido para siempre sumando cifras que no conducían a nada.
Fue ese abismo el que solo una encarnación pudo cubrir; una encarnación divina de nuestros sueños; y él se erige sobre ese abismo cuyo nombre es más que sacerdote y más antiguo aun que la Cristiandad: Pontifex Maximus, el más poderoso constructor de puentes.