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nydus/The Everlasting ManPublic
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VI. Las cinco muertes de la fe

Al menos cinco veces, por lo tanto, con el arriano y el albigense, con el escéptico humanista, después de Voltaire y después de Darwin, la Fe se ha ido, al parecer, al diablo.

En cada uno de estos cinco casos el que murió fue el diablo. Qué tan completo fue el colapso y cuán extraña la inversión, solo podemos verlo en detalle en el caso más cercano a nuestro propio tiempo.

Se han dicho mil cosas sobre el Movimiento de Oxford y el paralelo renacimiento católico francés; pero pocos nos han hecho sentir el hecho más simple al respecto: que fue una sorpresa. Fue un enigma además de una sorpresa; porque a la mayoría de la gente le parecía un río que retrocedía desde el mar e intentaba trepar de vuelta a las montañas. Haber leído la literatura de los siglos XVIII y XIX es saber que casi todo el mundo había llegado a dar por sentado que la religión era algo que se ensancharía continuamente como un río, hasta llegar a un mar infinito. Algunos esperaban que se hundiera en una catarata de catástrofe, la mayoría esperaba que se ensanchara en un estuario de igualdad y moderación; pero todos consideraban que su retorno sobre sí mismo era un prodigio tan increíble como la brujería. En otras palabras, la mayoría de la gente moderada pensaba que la fe, al igual que la libertad, iría ensanchándose lentamente; y cierta gente avanzada pensaba que se ensancharía muy rápidamente, por no decir que se aplanaría. Todo aquel mundo de Guizot y Macaulay y del liberalismo comercial y científico estaba quizá más seguro que cualquier otro hombre antes o después sobre la dirección en la que va el mundo. La gente estaba tan segura de la dirección que solo discrepaba en cuanto al ritmo. Muchos

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