escandalizarse ante una frase tan deliberadamente desafiante. En realidad, se quejan de que la paradoja no sea una perogrullada.
Pero el punto aquí es que, si pudiéramos leer los relatos de los Evangelios como cosas tan nuevas como las noticias de un periódico, nos desconcertarían y tal vez nos aterrarían mucho más que esas mismas cosas tal como las ha desarrollado el cristianismo histórico.
Por ejemplo; Cristo, tras una clara alusión a los eunucos de las cortes orientales, dijo que habría eunucos del reino de los cielos. Si esto no significa el entusiasmo voluntario de la virginidad, solo podría interpretarse como algo mucho más antinatural o tosco.
Es la religión histórica la que lo humaniza para nosotros mediante la experiencia de los franciscanos o de las Hermanas de la Caridad. La mera afirmación en solitario bien podría sugerir un ambiente bastante deshumanizado; el silencio siniestro e inhumano del harén y el diván asiáticos.
Este es solo un ejemplo entre decenas; pero la moraleja es que el Cristo del Evangelio podría parecer en realidad más extraño y terrible que el Cristo de la Iglesia.
Me detengo en el lado oscuro o deslumbrante o desafiante o misterioso de las palabras del Evangelio, no porque no tuvieran obviamente un lado más obvio y popular, sino porque esta es la respuesta a una crítica común sobre un punto vital. El librepensador afirma con frecuencia que Jesús de Nazaret fue un hombre de su tiempo, aun cuando se adelantó a su tiempo; y que no podemos aceptar su ética como definitiva para la humanidad. El librepensador pasa entonces a criticar su ética, diciendo de manera bastante plausible que los hombres no pueden poner la otra mejilla, o que deben pensar en el mañana, o que la abnegación es demasiado ascética o la monogamia demasiado severa.