alma de un paisaje es una historia y el alma de una historia es una personalidad. Pero el racionalismo ya había comenzado a carcomer estos tesoros del campesino, verdaderamente irracionales aunque imaginativos; del mismo modo que la esclavitud sistemática había despojado al campesino de su hogar y su hacienda. Sobre todas estas campesinadas del mundo entero iba descendiendo una penumbra y un crepúsculo de desilusión, en la hora en que estos pocos hombres descubrieron lo que buscaban. En todas partes la Arcadia se desvanecía del bosque. Pan había muerto y los pastores estaban dispersos como ovejas. > Y aunque ningún hombre lo supiera, se acercaba la hora que iba a poner fin a todas las cosas y a cumplirlas; y aunque ningún hombre lo oyera, hubo un lejano grito en una lengua desconocida sobre la agitada vastedad de las montañas. Los pastores
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I. El dios en la cueva
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