resumir la combinación de ideas que conforman la idea cristiana y católica, y señalar que todas ellas ya están cristalizadas en el primer relato navideño. Son tres cosas distintas y comúnmente contrastadas que, sin embargo, son una sola cosa; pero esta es la única cosa que puede hacerlas una. La primera es el instinto humano de un cielo que sea tan literal y casi tan local como un hogar. Es la idea perseguida por todos los poetas y paganos al crear mitos: que un lugar determinado debe ser el santuario del dios o la morada de los bienaventurados; que el país de las hadas es un país; o que el regreso del fantasma debe ser la resurrección del cuerpo. No voy a razonar aquí sobre la negativa del racionalismo a satisfacer esta necesidad. Solo digo que, si los racionalistas se niegan a satisfacerla, los paganos no quedarán satisfechos. Esto está presente en la historia de Belén y Jerusalén como está presente en la historia de Delos y Delfos; y como no está presente en todo el universo de Lucrecio o todo el universo de Herbert Spencer. El segundo elemento es una filosofía más vasta que otras filosofías; más vasta que la de Lucrecio e infinitamente más vasta que la de Herbert Spencer. Mira el mundo a través de cien ventanas donde el antiguo estoico o el agnóstico moderno solo mira a través de una. Ve la vida con miles de ojos pertenecientes a miles de tipos diferentes de personas, donde el otro es únicamente el punto de vista individual de un estoico o un agnóstico. Tiene algo para todos los estados de ánimo del hombre, encuentra trabajo para toda clase de hombres, comprende los secretos de la psicología, es consciente de las profundidades del mal, es capaz de distinguir entre prodigios reales e irreales y excepciones milagrosas, se entrena en el tacto ante los casos difíciles, todo ello con una multiplicidad, sutileza e imaginación sobre las variedades de la vida que van mucho más allá de las banales o desenfadadas perogrulladas de la mayor parte de la filosofía moral antigua o moderna. En una palabra, hay más en ella; encuentra más en la existencia sobre qué pensar; le saca más partido a la vida. Grandes masas de este material sobre nuestra vida multifacética se han añadido desde la época de Santo Tomás de Aquino.
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I. El dios en la cueva
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