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nydus/The Everlasting ManPublic
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IV. Dios y la religión comparada

distendidamente sobre una vaca cósmica colosal ordeñada para hacer llover, meramente con el fin de ser sociable, se retira luego a cavernas secretas selladas para las mujeres y los hombres blancos, templos de terrible iniciación donde, al trueno del bramadera y al goteo de la sangre sacrificial, el sacerdote susurra los secretos finales conocidos solo por el iniciado: > que la honradez es la mejor política, que un poco de amabilidad no le hace daño a nadie, que todos los hombres son hermanos y que no hay más que un Dios, Padre Todopoderoso, creador de todas las cosas visibles e

En otras palabras, nos encontramos aquí ante la curiosidad de la historia religiosa de que el salvaje parece pavonearse de todas las partes más repugnantes e imposibles de su creencia y ocultar todas las partes más sensatas y dignas de crédito.

Pero la explicación es que no son, en ese sentido, partes de su creencia; o al menos no son partes del mismo tipo de creencia. Los mitos son meras milongas, aunque tan gigantescas como el cielo, la tromba marina o la lluvia tropical. Los misterios son historias verdaderas, y se toman en secreto para que se tomen en serio.

Ciertamente, es demasiado fácil olvidar que hay una emoción en el teísmo. Una novela en la que varios personajes distintos resultaran ser un mismo personaje sería sin duda una novela sensacional. Lo mismo ocurre con la idea de que el sol, el árbol y el río son los disfraces de un solo dios y no de muchos. Por desgracia, también nos resulta demasiado fácil dar por sentado a Atahocan. Pero ya se le permita desvanecerse en una perogrullada o se le conserve como una sensación al preservarlo como un secreto, es evidente que siempre es o una vieja perogrullada o una vieja tradición.

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