sin nombre, con la que los hombres soñarán como sueñan con el primer amor, por la cual morirán como mueren por una bandera y por la patria. Creo que nos quedaríamos un tanto desconcertados si nos dijera que este sentimiento singular va a ser una combinación del hábito de fumar cigarrillos Woodbines, el aumento del impuesto sobre la renta y el placer de un automovilista al superar el límite de velocidad. No podríamos imaginar esto fácilmente, porque no podríamos concebir ninguna conexión entre las tres cosas ni ningún sentimiento común que pudiera abarcarlas a todas.
Tampoco nadie podría imaginar ninguna conexión entre el maíz y los sueños y un viejo jefe con una lanza, a menos que ya existiera un sentimiento común que los abarcara a todos.
Pero si existía tal sentimiento común, este solo podía ser el sentimiento religioso; y estas cosas no podían ser los comienzos de un sentimiento religioso que ya existía.
Creo que el sentido común de cualquiera le dirá que es mucho más probable que este tipo de sentimiento místico ya existiera; y que, a su luz, los sueños, los reyes y los campos de maíz pudieran parecer místicos entonces, tal como pueden parecer místicos ahora.
Pues la llana verdad es que todo esto es un truco para hacer que las cosas parezcan distantes y deshumanizadas, simplemente fingiendo no entender cosas que sí entendemos. Es como decir que los hombres prehistóricos tenían la fea y grosera costumbre de abrir mucho la boca a intervalos e introducir en ella extrañas sustancias, como si nunca hubiéramos oído hablar de comer. Es como decir que los terribles trogloditas de la Edad de Piedra levantaban las piernas de forma alternativa y rotativa, como si nunca