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nydus/The Everlasting ManPublic
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I. El hombre en la cueva

El hombre en la cueva

Allá lejos, en alguna constelación extraña de cielos infinitamente remotos, hay una pequeña estrella que los astrónomos tal vez descubran algún día.

Al menos nunca pude observar en los rostros o en el comportamiento de la mayoría de los astrónomos o hombres de ciencia ningún indicio de que la hubieran descubierto; a pesar de que, en realidad, andaban por ella todo el tiempo.

Es una estrella que produce de su propio seno plantas muy extrañas y animales muy extraños; y ninguno más extraño que los hombres de ciencia.

Ese es al menos el modo en que yo comenzaría una historia del mundo si tuviera que seguir la costumbre científica de empezar con una descripción del universo astronómico.

Intentaría ver incluso esta tierra desde el exterior, no mediante la insistencia trillada en su posición relativa respecto al sol, sino mediante algún esfuerzo imaginativo para concebir su remota posición ante el espectador deshumanizado.

Solo yo no creo en la deshumanización con el fin de estudiar la humanidad. No creo en recrearse en las distancias que se supone empequeñecen el mundo; creo que hay incluso algo un tanto vulgar en esta idea de intentar reprender al espíritu mediante el tamaño. Y como la primera ocurrencia no es factible —la de hacer de la tierra un planeta

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